La Prensa:

"Don Pasquale ganó aplausos"

(15 de Octubre de 2006)

La Nación:

"Novedosa puesta para Donizetti"

(15 de Octubre de 2006)

La Nación:

"Voces y ritmos de España en el Avenida"

(12 de Agosto de 2005)

         

La Capital:

"Una traducción fiel de la ópera de Rossini"

(17 de Octubre de 2004)

La Prensa:

"El genio alegre de Rossini"

(28 de Junio de 2003)

Ámbito Financiero:

"Con renovada "Elisir" volvió la ópera al Colón"

(28 de Febrero de 2003)

         

La Nación:

"L´elisir d´amore", un refresco del verano"

(27 de Febrero de 2003)

 

La Prensa:

"La frescura y la gracia del género chico"

(28 de Septiembre de 2002)

 

Vea aquí los programas de los teatros

 

 

La  Prensa

Domingo 15 de Octubre de 2006               Nº 2238

 

LA OPERA DE DONIZETTI SE DIO ACERTADAMENTE EN EL ARGENTINO DE LA PLATA

"Don Pasquale" ganó aplausos

 

Ficha técnica:
"Don Pasquale", ópera en tres actos. Libreto: Giovanni Ruffini, firmado por Michele Accursi. Música: Gaetano Donizetti. Director de orquesta: Bruno D"Astoli. Director del coro: Miguel Martínez. Régisseur: Alberto Felix Alberto. Escenografía: Raul Bongiorno. Vestuario: Sergio Massa. Cantantes: Ricardo Ortale, Sebastián Sorarrain, Carlos Natale, Eleonora Sancho y Carlos Iaquinta. Orquesta y coro estables. En el teatro Argentino de La Plata, el viernes 13.

 

Dentro del profuso catálogo del músico bergamasco Gaetano Donizetti, uno de los pilares del romanticismo operístico ochocentista italiano, "Don Pasquale" se ubica entre sus últimos y mejores aportes. La estrenó en Paris, en el Theatre-Italien, en 1843, generando una comedia lírica sentimental de logrado cuño, testimoniando también que su personalidad romántica y su torturada existencia que llegaría a la pérdida de la razón, podían encontrar para entonces momentos de lucidez evidente.

Esto se materializa en una composición de logrados perfiles y un modelo importante de la opera "buffa". Inspirado en un texto de Angelo Anelli, plasmado en el libreto por Giovanni Ruffini (aunque lo firma Michele Accursi), el autor dio a la música chispa y espontaneidad, y a la línea vocal color y belcantismo, que se muestran como una expresión cabal de su talento, de un compositor que con admirable facilidad pasaba de los temas trágicos y románticos al chispeante mundo de la comicidad lírica, ligado siempre al virtuosismo canoro.

 

MÉTRICA Y PROLIJIDAD:

El teatro Argentino de La Plata, en el desarrollo de su activa y convocante temporada actual, la ofreció después de catorce años con la dirección de Bruno D"Astoli, que desde la obertura bien llevada, con adecuada métrica y prolijidad, inculcó a la versión musical una nobleza e interés creciente, donde el coro preparado por Miguel Martínez también mostró afiatamiento y buen relieve en su amplia intervención del tercer acto.

En el escenario, Ricardo Ortale fue un sobrio protagonista, de eficaz cometido, logrando en su soliloquio y en el bello "duetto" con Malatesta, "Cheti, cheti, immantinente" uno de los mayores aciertos vocales y escénicos de la velada. En tal sentido, el desempeño del joven barítono platense Sebastián Sorarrain fue eficaz, exhibiendo voz de mediano volumen y línea adecuada a partir de su "Bella siccome un angelo" del acto inicial.

Desenvoltura y musicalidad fueron atributos para la juvenil soprano Eleonora Sancho como Norina, vertiendo "Quel guardo il cavalier" con intencionado fraseo, en tanto el tenor Carlos Natale, mostró adecuada línea belcantsita en las arias de Ernesto, especialmente en "Cercheró lontana terra". El quinto personaje, el notario, tuvo en Carlos Iaquinta un traductor oportuno.
 

EN LA REGIE:

La nueva versión escénica, cuidada del punto de vista técnico, plantea un cambio de la época original y de contexto trasladando la acción desde finales del setecientos a comienzos del siglo XX. Mas allá de esta transposición, un hecho ya difundido en las puestas actuales, la recurrencia a múltiples e inesperados episodios, con variadas ideas y numerosos extras en acciones episódicas y en constante movimiento, tiende a producir un cierto efecto distractivo sobre la acción teatral misma, que es "per se" intimista en la ópera donizettiana, ligada a cinco personajes solamente (cuatro centrales), lo cual interfiere en algunas escenas contra la raíz teatral misma. Alberto Félix Alberto, régisseur, marcó eficazmente los cometidos y el carácter de esos personajes centrales, en una escenografia con tendencia abierta donde la propuesta de Raúl Bongiorno utiliza elementos corpóreos sintéticos, con cuidada iluminación y el variado y prolijo vestuario de Sergio Massa complementa la visualidad de la versión.

Un público entusiasta premió este esfuerzo de realización de una ópera que llegó a La Plata hace exactamente cien años, en 1906, ofreciéndose en el antiguo teatro Olimpo (el aún existente Coliseo Podestá), como dato significativo, con la dirección de Alfredo Donizetti, pariente del compositor.
Néstor Echevarría

 

Copyright La Prensa 2006 

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La  Nación

Domingo 15 de Octubre de 2006

 

"Novedosa puesta para Donizetti"

 

Opera en tres actos Don Pasquale , de Gaetano Donizetti. Libreto de Giovanni Ruffini, Elenco: Eleonora Sancho (Norina), Ricardo Ortale (Don Pasquale), Sebastián Sorarrain (Malatesta), Carlos Natale (Ernesto), Carlos Iaquinta (Un notario). Director de Coro: Miguel Martínez. Régisseur: Alberto Félix Alberto. Escenografía e iluminación: Raúl Bongiorno. Vestuario: Sergio Massa. Orquesta y Coro Estables. Dirección musical: Bruno D Astoli. Función en homenaje a Ricardo Yost. Teatro Argentino de La Plata.

Nuestra opinión: bueno
 

Don Pasquale es una de las obras de Donizetti más logradas de su vasto catálogo, no sólo por la gracia y fina ironía de la acción dramática, sino también por su inspiración melódica y el rico uso de recursos de orquestación. Los personajes, lejos de la simpleza de L elixir d amore , están mejor delineados, y en su conjunto la obra se constituye en una de las cumbres del género, simplemente por el equilibrio singular de los aspectos cómicos con los formales y sensitivos, dando como producto final una creación lírica de singular calidad.
 

Por su parte, desde el punto de vista musical es una partitura chispeante y espontánea con el valor agregado de un admirable y muy peculiar tratamiento rítmico, que fue novedoso en la época de su gestación y que continúa vigente por su variada gama de contrastes como se escucha desde la obertura. Las tres grandes arias para tenor lírico, los admirables dúos y tríos, la colorida diafanidad de las escenas con el coro, la riqueza de los concertantes y la audacia para la utilización de una trompeta solista en el preludio del tercer acto, ubican a esta creación en el plano de las de mayor calidad musical del género.
 

Sin embargo, en la versión ofrecida en el Teatro Argentino de La Plata la mayor debilidad surgió de la faz musical (excepto en las partes corales) a partir de que Bruno D Astoli, de reconocidos méritos y experiencia, ofreció una versión con poca chispa y diafanidad, desajustada y con poca intensidad expresiva en los momentos líricos, con una orquesta que por su volumen cubrió a la mayoría de las voces de los cantantes. En cambio, uno de los factores positivo de la representación estuvo a cargo del coro, preparado con solvencia por su titular Miguel Martínez, que se lució con su justeza, equilibrio y perfecta amalgama de voces. Otro punto a destacar fue la excelente actuación teatral.
 

El diseño estético
 

En este sentido fue novedosa la puesta escénica de Alberto Félix Alberto que llevó la acción al siglo pasado, detalle que lejos de desvirtuar el libreto, demostró las posibilidades infinitas que otorga un texto con temática de la vida real, posible en toda época y lugar que habla de las intenciones de un hombre mayor de casarse con una jovencita. Además, la visión propuesta fue muy buena desde el punto de vista estético: diseño sintético y atractivo, variada coloración en la iluminación y en la idea de enmarcar a los personajes en grandes cuadros antes de que tomen vida. Fue impecable el trabajo, como actriz, de quien encarnó a un servidora cuyo nombre no se encontró en el programa.
 

Sólo cabe el reparo de haber utilizado un espacio muy grande y de no haber enfocado la obra como una ópera íntima, casi camarística, como fue en su estreno en el París de 1843 y como sigue siéndolo en la mayoría de los antiguos teatros europeos. En este sentido, las pocas grandes salas del mundo deberían tener en cuenta que además de respetar un estilo, el uso de decorados que cierran la escena contribuye, a modo de campana, a que las voces se proyecten con mayor presencia.
 

Por último, en el elenco se destacó como la voz más sonora la de Ricardo Ortale, que interpretó el rol protagónico. En tanto que el tenor Carlos Natale que avanza con paso firme, lució su segura musicalidad como Ernesto, al igual que la soprano Eleonora Sancho, que encarnó con gracia, belleza a su Norina. Sebastián Sorarrain fue un Malatesta muy desenvuelto como actor y en el decir, y Carlos Iaquinta un curioso notario. Sin embargo, en conjunto, el cuadro de cantantes se escuchó con limitaciones como para abordar con brillo y distinción esta obra, nada fácil por cierto, en una sala grande como la del Teatro Argentino.
 

Fue emotivo el aplauso ofrecido por el público cuando se anunció, antes de comenzar la obertura, que la representación era en homenaje al bajo-barítono Ricardo Yost, recientemente fallecido.
 

Juan Carlos Montero

 

Copyright La Nación 2006 

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La  Nación

Viernes 12 de Agosto de 2005

 

"Voces y ritmos de España en el Avenida"

 

"Lo mejor de la zarzuela" (musical español). Selección de romanzas, dúos y escenas. Elenco de solistas: Marina Biasotti y Eleonora Sancho, Lara Mauro y Marcela Sotelano (sopranos, Juan Carlos Vasallo, Gabriel Renaud, Hugo Jaurena (tenores), Guadalupe Maiorino (mezzosoprano) y Leonardo López Linares y Mauro Espósito (barítonos), con gran elenco. Director de coro: Lourdes Mendocsa-Zita. Ballet Al-Andaluz, con coreografía de Sibila. Vestuario de Carmen Blanco. Orquesta Sinfónica, con la dirección de Dionisio Riol. Puesta en escena, iluminación y dirección general de Mauro Espósito. Con auspicio de la Conserjería Cultural de la Embajada de España. Teatro Avenida.

Nuestra opinión: muy buena
 

Bien se conoce el gran esfuerzo e inversión de tiempo que demanda montar un espectáculo complejo como es el teatro cantado, tan sólo con entusiasmo, amor al arte y el deseo de jerarquizar el género, a través de un meticuloso trabajo de preparación, con artistas de calidad y armando una producción cuidadosa en sus más mínimos detalles.
 

Por fortuna, esto aconteció con el conjunto de artistas encabezado por el barítono Mauro Espósito al frente de una nueva compañía lírica dedicada a la música de España y donde no falta el conocimiento estilístico del director de orquesta Dionisio Riol. Y como no debía ser de otro modo, su presentación fue en el Avenida, el escenario más íntimamente ligado a la zarzuela.
 

Con el apoyo de un elenco de cantantes dotados de buenas voces y conocedores del género, una orquesta completa de buen nivel, una presentación visual colorida por la excelencia del vestuario y meticulosa puesta de luces y efectos, sumado a una planificación rigurosa del ritmo general, la propuesta adquiere interés y permite a los amantes de la música española escuchar momentos gratos, la mayoría de ellos muy conocidos y otros que son novedad, aunque igualmente inspirados. Es en realidad un gran concierto, con cantantes, coreutas y bailarines caracterizados y hasta con una pincelada de acción dramática.
 

En el arranque, con fragmentos de "El barberillo de Lavapiés", de Barbieri, y de "La boda de Luis Alonso", de Jiménez, tuvo inmediato lucimiento la soprano Eleonora Sancho por su musicalidad y desenvoltura, en tanto que esbeltas bailaoras de la danza en estilo mostraron una coreografía vistosa y a la vez elegante. Luego, sin pausas ni vacilaciones, se fueron desgranado momentos musicales de los títulos más famosos del repertorio, como "El gato montés", de Penella; "La rosa del azafrán", de Romero, Fernández Shaw y Guerrero, con la famosa romanza del sembrador, dúos inspirados y hasta la infaltable jota, todo un cuadro de vistoso color en el que se destacaron los méritos de la excelente soprano Marina Biasotti, de fuerte personalidad y voz de timbre matizado y que se mueve por la escena con garbo y prestancia.
 

Luego apareció la imponencia, aplomo, buena manera de decir y potencia vocal del barítono Leonardo López Linares para sumar interés a la propuesta.
 

Lo nuevo y lo conocido
 

La segunda parte se hizo más intensa y atractiva porque los títulos elegidos alternaron los famosos con gratas sorpresas, como "El barbero de Sevilla", de Nieto y Giménez, ¡un barbero español!, la ópera "Marina", de Arrieta, aquella de Sagi Barba con Miguel Fleta; "El niño judío", de Pablo Luna; "La leyenda del beso" y "La del soto del parral", ambas de Reveriano Soutullo y Juan Vert; "Doña Francisquita", de Vives, y "La tabernera del puerto", de Pablo Sorozábal.
 

Para un final fiel a la tradición no faltó el estribillo para que el público -al que se entregó un impreso para recordar el texto- pudiera cantar el coral de la ronda de los enamorados, cosa que hizo realmente muy mal por falta de entrenamiento, pese al empeño del maestro Riol. ¿Y por qué? Por ausencia de aquellas temporadas de otra época.
 

Pero con buen tino no se dejó tiempo para la añoranza porque lo impidió la gran jota de "La Dolores", de Tomás Bretón, un nombre que no debía faltar. En una palabra, una propuesta oportuna, llevada a cabo con solvencia y para la que el público ha prometido cantar mejor en las funciones que restan de jueves a domingo.
 

Juan Carlos Montero

 

Copyright La Nación 2006 

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La  Capital de Rosario

Domingo 17 de Octubre de 2004               Año CXXXVII - Nº 48543

 

La ópera "El barbero de Sevilla" en una puesta cuidada y altamente convocante

Una traducción fiel de la ópera de Rossini

La Opera de Rosario realizó un esfuerzo notable de producción que reunió a primeras figuras de la lírica

 

La puesta en escena en el teatro El Círculo de la ópera "El barbero de Sevilla" cumplió plenamente con los requisitos del género cuando la yuxtaposición de arduas disciplinas como el canto, la música, la actuación y la danza se concretó con absoluta armonía, satisfaciendo a un público que colmó las plateas, palcos y tertulias de la sala.

 

La obra de Gioacchino Rossini, estrenada en 1816 pero ambientada en el siglo XVIII, es considerada como un modelo de la llamada ópera bufa y, según señalan los estudiosos, en sus primeras representaciones no logró convencer al público de entonces y debieron pasar varios años para que fuera debidamente valorada.

 

En estos tiempos de escepticismo y humor cínico, las características de los personajes de "El barbero de Sevilla", con sus tibias picardías, su humor sobreactuado, ingenuo y bufonesco, así como por los modos elementales de resolver los enredos, contribuyen al enternecimiento del conocedor y pueden desanimar al recién iniciado en la operística. Es importante señalar que se trata de una obra con altas exigencias para las voces, que, en esta versión, ponen en juego toda su experiencia y salen airosas del desafío.

 

La obra de Rossini, tres actos con libreto de Cesare Sterbini, es famosa por la hiperdifundida aria "Largo al Factotum de Fígaro", usada con abuso en infinidad de propuestas humorísticas de todo tipo y calidad, es una historia de amor con enredos entre la bella Rosina -el rol de la soprano Eleonora Sancho- y el Conde de Almaviva -el tenor Eduardo Ayas-, quienes deben superar las barreras que impone el tutor y enamorado de Rosina, el doctor Bartolo, papel que se reservó para sí el regisseur Oscar Grassi, impecable en lo vocal y efectivo en su comicidad.

 

Será el pícaro barbero Fígaro - el barítono Omar Carrión- quien oficiará de interesado y audaz "Celestino" conspirando para el feliz final en el que hasta el obsesivo y celoso Don Bartolo será recompensado con el amor de su mucama Berta, el rol de la rosarina Graciela Mozzoni.

 

La presentación, que se apoyó en la impecable labor de la Orquesta de la Opera de Rosario que dirige Marcelo Pozo y del experimentado Coro Lírico Pía Malagoli que conduce Rubén Coria, representa el logro de una producción de la Opera de Rosario, que contó con aportes de vestuario y utilería del Teatro Argentino de La Plata.

 

El tenor Eduardo Ayas disputó parejamente con Omar Carrión el aplauso del público, que, por otra parte, se mostró complacido ante la espléndida voz de Eleonora Sancho. Con su ductilidad, la a cantante reveló tener la cuota de histrionismo necesario para mostrarse como una joven que encubre su picardía tras sus mohines.

 

El teatro El Círculo nació hace poco más de 100 años para servir a altas expresiones artísticas y, entre ellas, la lírica, pero por una demasiado extensa serie de razones el montaje de una ópera completa se fue volviendo un hecho lamentablemente muy esporádico. Esto contribuyó a la pérdida de un hábito y por eso hoy sólo los seguidores del género parecen preparados para disfrutar. Obviamente se necesitan más puestas que contribuyan a crear el hábito de la ópera entre los espectadores noveles.

 

Copyright La Capital 2003 

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LA  PRENSA

Sábado 28 de Junio de 2003               Año 3 - Número 1038

 

En la reposición de "La italiana en Argel" en el Teatro Avenida

El genio alegre de Rossini

 

Ficha técnica: "La italiana en Argel", drama jocoso en dos actos. Libro: Angelo Anelli. Música: Gioacchino Rossini. Cantantes: Mariana Rewerski, Eduardo Ayas, Hernán Iturralde, Armando Noguera, Eleonora Sancho, Mónica Sardi y Nahuel Di Pierro. Iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Mini Zuccheri. Escenografía y Regie: Horacio Pigozzi. Coro Buenos Aires Lírica (Juan Casasbellas) y Orquesta (Carlos Calleja). Teatro Avenida (Avenida de Mayo 1222).

La puesta de la ópera tuvo momentos ágiles y logrados.

Tuvo sin duda interesante nivel el segundo espectáculo que Buenos Aires Lírica presentó el jueves en el Avenida.

Bajo la conducción artística de Claudio Ratier, y después de "Madame Butterfly", esta novel compañía ofreció ahora "La italiana en Argel" ("L´Italiana in Algeri"), de Gioacchino Rossini, esa indiscutible obra maestra (en realidad: una joya) del género bufo italiano, y la versión, con sus más y sus menos, resultó teatralmente divertida y reflejó buen estilo musical.

Uno de los principales factores de este logro fue decididamente el "régisseur" Horacio Pigozzi, quien a despecho de una escenografía de escasos recursos, plasmó una puesta realmente talentosa, desbordante de ingenio y creatividad. Hubo algunas exageraciones (las actitudes de la protagonista en el segundo acto), y cierta pobreza de movimientos (el coro de los "Pappataci"), pero en el balance final, esta moderna "mise-en-scene" pareció de una precisa e imaginativa funcionalidad y no dejó ningún cabo suelto. Mini Zuccheri fue a su vez la autora de un vestuario de discutible eclecticismo (los atuendos del bey se vieron muy deslucidos), tal vez acorde con el tono farsesco de la propuesta, mientras que Gonzalo Córdova realizó un impecable diseño lumínico.

 

LOS CANTANTES

En el elenco de solistas vocales, se destacaron en primer lugar el tenor Eduardo Ayas (Lindoro), cuya excelente profesionalidad le permitió sortear airosamente los inconvenientes de una ardua tesitura (que incluye los do naturales sobreagudos de "Languir per una bella"), y también la soprano Eleonora Sancho (Elvira), quien exhibió un buen metal, de cristalinos acentos líricos.

Hernán Iturralde (Mustafá) tuvo dificultades con las ornamentaciones (especialmente en "Gi d´insólito ardore nel petto") y cantó por momentos con técnica algo rústica, pero fue mejorando su labor a medida que avanzaba la representación, en cuyo transcurso puso de manifiesto una estimable "vis" cómica. En los otros papeles, tanto el barítono Armando Noguera (Taddeo) como la mezzo Mónica Sardi (Zulma) y el bajo Nahuel Di Pierro (Haly) se desempeñaron con entera eficacia.

En cuanto a la mediosoprano Mariana Rewerski (Isabella), cabe apuntar que a despecho de un caudal limitado, lució esbelta figura y un registro de color cálido y homogéneo, de agradables armónicos, manejó con limpieza su coloratura y apoyó sus notas con inteligencia.
SIN BATUTA

Preparado por Juan Casasbellas, el Coro Buenos Aires Lírica demostró empeño y concentración, al tiempo que en el podio, el maestro Carlos Calleja debió encarar una ópera tan pletórica y vibrante orquestalmente con una agrupación muy reducida (¿se puede hacer este Rossini sin trombones?). Su traducción (en la que se abrieron algunos cortes) fue de todos modos correcta en sus aspectos lineales, pero adoleció de dos serios defectos. La falta de énfasis y de acentuaciones en los recitativos, y los problemas de concertación con el palco escénico, que sobre la base de una marcación deficiente, se repitieron de manera permanente durante toda la velada. Son conocidas las complicaciones de sincronización en los velocísimos números rossinianos, con sus ágiles crescendos, sus "strette" y su pluralidad de partes. Pero esas dificultades se tornan aún mucho mayores cuando se dirige con afán innovador sin la guía de la batuta, con el simple y pequeño movimiento de la mano derecha.

 

Carlos Ernesto Ure

Copyright La Prensa 1996-2003 

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ÁMBITO  FINANCIERO

  

Viernes 28 de Febrero de 2003, Edición N° 851

Informaciones de la Argentina y el mundo

 

Con renovada "Elisir" volvió la ópera al Colón

 

Por: Abel López Iturbe

 

«L'elisir d'amore», ópera de G. Donizetti. Con E. Sancho, C. Duarte, O. Carrión, L. Gaeta, C. Höxter y elenco. Régie y esc.: C. Palacios. Vest.: A. Gumá. Ilum.: M. Rinaldi. Dir. de la orquesta Estable: C. Calleja. Dir. coro: M. Martínez (Teatro Colón).

En tiempos de vacas flacas y con un Teatro Colón sumido en una de sus peores crisis, la primera sorpresa agradable para el público que no había visto esta versión es la refinada concepción escenográfica y puesta en escena de la encantadora ópera sobre el joven aldeano Nemorino que no duda en recurrir al «elixir» del mercachifle Dulcamara para evitar que su amada Adina se case con un militar foráneo (Belcore).

Apoyada esencialmente en la imagen simple y despojada de una famosa pintura de Vincent Van Gogh, «La llanura de Crau», que aunque está lejos del pueblo de la Toscana a comienzos del Siglo XIX, como quería el autor, es una concepción imaginativa y original de Carlos Palacios, que firma una régie no exenta de gracia y lógica, además de mostrar una gran eficacia en la marcación de los protagonistas.

Por eso, aunque se trata de una reposición, vale la pena detenerse en algunas perlas del nuevo elenco. Salida del riñón de Juventus Lyrica, la soprano Eleonora Sancho se consagra en el rol de Adina, un protagónico que le va muy bien, y al que ella le entrega sin retaceos su voz fresca y bien timbrada, así como simpatía personal.

 Nemorino tiene mucho que cantar y actuar, no solamente ese «pezzo di bravura» que es «Una furtiva lágrima», sino sus desventuras en el segundo acto, y Carlos Duarte, de voz cálida y agradable, también aprovecha esta oportunidad para consolidar su talento.

La profesionalidad de Omar Carrión le permite ofrecer un Belcore bien cantado y bien actuado. Carina Höxter con pasmosa naturalidad y bella voz hace una creíble Gianetta. Dejamos para este punto al incomparable Luis Gaeta, probablemente el mejor barítono del momento, haciendo un Dulcamara querible y vocalmente inobjetable.

Notablemente ajustada la labor del Coro y sobresaliente la dirección de Carlos Calleja en punto a estilo, fraseo y el delicado equilibrio entre la Orquesta, el Coro y los cantantes.

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LA  NACIÓN

 

JUEVES 27 de Febrero de 2003

"L´elisir d´amore", un refresco del verano

 

Opera "L´elisir d´amore", de Gaetano Donizetti. Elenco: Eleonora Sancho, Carlos Duarte, Omar Carrión, Luis Gaeta y Carina Höxter. Dirección: Carlos Calleja. Régie y escenografía: Carlos Palacios. Teatro Colón.
Nuestra opinión: bueno

 

Nuevamente la inspiración y sencillez de la partitura de Gaetano Donizetti causó placer al no muy numeroso público que asistió a la inauguración de la temporada lírica de verano en el Teatro Colón, aun con un título tan popular y accesible para todas las edades como es la ópera bufa en dos actos, "L´elisir d´amore".

Esta situación, indudablemente, es consecuencia de la actualidad económica y de la incertidumbre por el futuro que se vive en el mundo, ya que no es posible hablar de precios excesivos, cuando se habían fijado los valores de platea en 20 pesos y para las localidades altas, 5 pesos, aunque para muchos esos valores ya también son prohibitivos a la hora de medir gastos para la salud espiritual.

Buen nivel en el canto

En la temporada anterior, se había opinado favorablemente sobre la versión ofrecida, con buen lucimiento de Raúl Giménez.

Al reiniciar una temporada de verano incluyendo espectáculos de ópera, con buen criterio, el Colón agrega en estos días funciones de "L´elisir" con el consiguiente aprovechamiento de la puesta escénica, permitiendo la valoración de otros cantantes nacionales, en los personajes protagónicos a los que no se había podido escuchar.

En este sentido fue muy grato apreciar a la soprano Eleonora Sancho, de segura musicalidad y voz no voluminosa pero bien timbrada y emitida con solvencia como para que sea una de aquellas que "corren" en las amplias salas, actuando con desenvoltura y gracia.

Del mismo modo, el tenor Carlos Duarte, encarnó un Nemorino realmente expresado con frases sensibles y expresivas del mejor cuño, voz lírica adecuada al rol, un llamativo buen estilo belcantista y una inteligente actuación como actor.

En cuanto a Omar Carrión, otro de los buenos artistas locales al que no se había escuchado anteriormente en el personaje de Belcore, no sólo que supo hacerlo con gracia, sino que reiteró las bondades de su conocimiento de la lírica como no podría ser de otro modo siendo hijo de padres cantantes que fueron sus primeros maestros.

A Luis Gaeta se lo vio y escuchó con mayor soltura que el año pasado como Dulcamara, exhibiendo su reconocida capacidad de actor y un canto sobrio.Carina Höxter, nuevamente muy buena Giannetta.

Fue acertada la dirección musical de Carlos Calleja, chispeante en las escenas de conjunto y delicado y poético en los momentos calmos de una música siempre basada en hermosa melódica.

La Orquesta Estable respondió con buen nivel, aunque también fue una realidad algunas fallas acaso derivadas del estado mental de quienes vuelven de vacaciones sin practicar con su instrumento.

Habrá más funciones, hoy, mañana y el sábado, a las 20.30, y el domingo, a las 17.

Juan Carlos Montero

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LA  PRENSA

Sábado 28 de Septiembre de 2002               Año 3 - Número 768

 

"La verbena de la paloma" volvió a presentarse en el Teatro Avenida

La frescura y la gracia del género chico

 

La experiencia del régie Matías Cambiasso dotó a la acción escénica de dinámica y presencia, luciéndose también el colorido vestuario, en tanto el ballet conducido por José Zartmann mostró su especialización en lo español y clara eficacia, lo mismo que la primera bailarina Mabel Espert.

Ficha técnica: "La verbena de la Paloma", zarzuela de Tomas Bretón sobre un libro de Ricardo de la Vega. Dirección: Marta Luna. Régie: Matias Cambiasso. Coreografía: José Zartmann. Intérpretes: Hugo Jaurena, Leonardo Menna, Eleonora Sancho, Iris Canepa, Silvana Radisena, Laura Domínguez, Isabel Minguez y Mabel Espert (primera bailarina). Solistas, coro y orquesta formados con integrantes de los Cuerpos Estables del Colón. Teatro Avenida (Avenida de Mayo 1222).
 

EL ESPECTÁCULO

La comunicatividad y el gracejo constituyen parámetros importantes, entre otros, para que la zarzuela, en el llamado "género chico" español, mantenga sus raíces. El teatro Avenida -desde su origen "de la Avenida" por su situación en la españolísima Avenida de Mayo- volvió a ser testigo de un esfuerzo positivo por recuperar un género que otrora tuvo allí su epicentro en Buenos Aires y que gracias a este nuevo emprendimiento ha vuelto esta temporada a demostrar su vigencia y fuerte atracción.

Esos factores estuvieron presentes en el espectáculo ofrecido, donde volvió a escena el tradicional sainete lírico "La verbena de la Paloma", de Bretón. Un ingenioso libreto, bien urdido, permite explayarse al músico salmantino en gratos y comunicativos compases, desde el "Dónde vas con mantón de Manila", hasta bellos momentos corales y dancísticos, así como el pegadizo pasaje de Don Hilarión, "Una morena y una rubia..."
 

MUSICALIDAD Y FRASEO
 

La orquesta dirigida por Marta Luna apareció prolija en tiempos y ritmos, aunque tendiente por momentos a saturar un tanto el volumen sonoro en detrimento de las voces en el escenario, algunas de mediano y escaso volumen, que se vieron perjudicadas. Pero la traducción musical puede entenderse muy en carácter, así como la labor de los intérpretes, entre los cuales Eleonora Sancho (Susana) e Isabel Minguez (la cantaora), mostraron grato material, musicalidad y un fraseo apropiado. El histriónico Don Hilarión, el viejo boticario, personificado por Leonardo Menna, fue más acertado en lo actoral que vocalmente, en tanto Hugo Jaurena cumplió una labor digna, Iris Canepa prestó matices histriónicos a su Tía Antonia, y el resto del vasto elenco cumplió una labor eficaz con algunos aspectos que pueden ser depurados, como el manejo de la prosodia para un mejor entendimiento del texto en los parlamentos.

La experiencia de Matías Cambiasso dotó a la acción escénica de dinámica, agradable comunicatividad y presencia, luciéndose también el colorido vestuario, en tanto el ballet conducido por José Zartmann mostró su especialización en lo español y clara eficacia, lo mismo que la primera bailarina Mabel Espert, siendo uno de los números mas aplaudidos, sobre todo al agregar en el cuadro final una coreografía colorida sobre los compases de "La boda de Luis Alonso", de Giménez, insertada en la partitura de Bretón como un medio de atracción para dar mayor lucimiento al cuadro de la verbena.

Un público exultante saludó y premió este esfuerzo de conjunto de un atractivo espectáculo que prevé estar en cartel todos los jueves a sábados a las 20.30 y los domingos, en función vespertina a las 17.30, de aquí en más, con diferentes elencos.
 

Néstor Echevarría

 

Copyright La Prensa 1996-2000

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